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lunes, 11 de abril de 2016

¿Cómo ayudo?

Esto no es el típico post en el que te ponen una serie de pasos a seguir para aprender a ser útil en las distintas situaciones que se te podrían plantear en diferentes momentos de tu vida, no. Esto es una pregunta que me suelo hacer a mí misma cuando ocurre algo completamente inesperado a mi alrededor, como por ejemplo una discusión, un accidente, una pelea... 

Hace poco un amigo se clavó un cristal en la planta del pie mientras bailaba en una discoteca y comenzó a sangrarle a lo bestia, para colmo, él es una persona bastante nerviosa y cuando vio toda esa sangre se volvió loco y salió medio corriendo medio saltando a la calle, dispuesto a montarse en el primer taxi que viese para que le llevase al hospital más cercano. 
En este tipo de situaciones no me paro a pensar qué hacer, sino que me lanzo a ayudar en lo que se necesite y en este caso eso hice: me monté con él en el taxi y enseguida llegamos al centro sanitario. 

He explicado esta escena para poder diferenciarla de otras ocasiones en las que sí que debo pararme para pensar y decidir qué es lo que debería hacer o decir. 
Estos son momentos en los que hay que elegir muy bien alguna de las opciones que tienes para no cagarla con las personas implicadas en ello. 
Podría decirse que esto suele ser lo típico de las peleas, las discusiones, los malentendidos...en los que de repente te ves envuelto sin darte cuenta, tan solo por el hecho de estar en el lugar y momento equivocado o adecuado. Adecuado porque muchas veces con tu sola presencia puedes disminuir el nivel de la discusión o pelea que se esté dando o porque en un momento determinado tu intervención es idónea para que ambas partes no pierdan del todo el control. 
También puedes decidir no meterte y dejar que acaben para después encargarte de que se calmen e intentar hacer de mediador para que se llegue a algún acuerdo. 

Por lo que yo he vivido hasta ahora puedo hablar de momentos que han acabado bien gracias a que me he metido y momentos que simplemente no he podido arreglar porque no había deseo de hacerlo por alguna de las dos partes. 
Hay que tener un verdadero don y nervios de acero para conseguir salir airosa de estas cosas y además pudiendo haber solucionado algo. 

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