Translate

martes, 16 de febrero de 2016

El mundo de las reglas

El mundo en el que vivimos está subordinado constantemente a una serie de normas y reglas que conviene seguir "por el bien de la sociedad". Sí, claro, por su bien, pero ¿qué hay del nuestro propio?
Como estoy hablando desde mi punto de vista y no puedo hablar por la boca de los demás, pondré el ejemplo de una clase de Historia y Sociedad de mi universidad: no recuerdo exactamente el tema que estábamos dando, pero creo que tenía que ver con los totalitarismos y como bien sabéis (si sois personas a las que le gusta rebatir las cosas), siempre se salta de un tema a otro con mucha facilidad y no sé de qué manera acabamos discutiendo, el profesor y yo, sobre la familia o lo que se supone que es la familia.
Antes de nada yo quiero aclarar que respeto todas y cada una de las opiniones, igual que me gusta que respeten las mías, pero hasta cierto punto, es decir, yo no voy a respetar algo que se sale por completo del sentido común de un ser humano.
 El profesor en cuestión argumentó que no podía llamarse familia a una pareja de personas del mismo sexo que adoptan a un niño o niña, que no podía llamarse familia a una única persona que adoptaba o que tenía un hijo o hija de un antiguo matrimonio, pero en cambio a una familia que está desestructurada sí que se le puede considerar familia como tal porque los niños han sido concebidos naturalmente por ambas partes de la pareja y además continúan unidos cumpliendo con el matrimonio. ¿¡PERDONA?! ¿Pero qué tipo de broma es ésta? ¡Cómo si estuviésemos en el siglo pasado! Bueno, ni siquiera eso porque en el siglo pasado el divorcio ya estaba un poco más aceptado en nuestra sociedad y en la de muchos otros países. 
Por supuesto yo no podía dejar que este hombre "licenciado para dar clases a gente en plena formación" acabase la clase con esta serie de cosas sin ningún sentido, por eso muy educadamente interrumpí su explicación para intentar hacerle ver lo equivocado que estaba. Yo creo que una familia es un "lugar" en el que hay amor, cariño, respeto, confianza, educación... y no estoy para nada de acuerdo en la absurda tontería que estaba intentando exponer el profesor de Historia y Sociedad.
Lo que también me sorprendió muchísimo fue que mis compañeros no habían dicho nada en toda la hora acerca de todas estas teorías estúpidas que este hombre soltaba por la boca, nadie había levantado la mano, no habían protestado y además parecían estar de acuerdo (o esa era mi sensación). ¿Cómo podían estar ahí sentados aceptando lo que este tío les estaba enseñando? Vamos a ver, tenemos ya cierta edad para saber por donde va nuestra cabeza y para ser conscientes de que no tenemos por qué dejarnos manejar por los más mayores o por lo que se ha impuesto desde hace tiempo. Se supone que nosotros, los jóvenes, estamos en una edad de cambio, de descubrimientos, de emociones y no podemos dejar que a todas estas cosas nos las pongan límite ¿por qué si no cómo vamos a conseguir desarrollar una nueva sociedad? ¡HOLA! Despertad gente, no hay que aceptar lo que ya está impuesto sin haber conocido la otra cara de la moneda. Podríais decir, como excusa, que si es lo que se ha hecho hasta ahora es porque es mejor que lo otro, pero ¿en serio vas a creer eso si no crees casi ni lo que dicen a veces por las noticias?

Debemos reflexionar acerca de todos los grandes detalles que se nos suelen escapar de las manos y no actuar como robots que siguen a las masas porque un ilustrado ha dicho que hagan esto o lo otro. Siempre hay que recordar que los grandes personajes de la historia han sido los que no se han subordinado a los deseos y leyes de los demás. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario