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lunes, 2 de febrero de 2015

Un mal día lo tiene cualquiera.

Si, es cierto, lo tiene cualquiera pero cada cual lo vive a su manera ¿no? En mi caso es algo raro (como todo en mi vida, últimamente), resulta que cuando tengo un mal día mi subconsciente intenta cambiar mi humor para que no se me note, hasta se me olvida que me he levantado con el pie izquierdo, pero cuando ya se va acercando la noche, poco a poco todo el mal humor, las cosas malas en las que he intentado no fijarme y en definitiva, las malas energías vienen a visitarme, recordándome que hoy no era mi día.
Es como si algo dento de mi quisiera salir y gritar y romper cosas. RABIA. Eso es lo que siento. ¿Que por qué? Puuuf!! Pues a ver no lo tengo nada claro; a lo mejor es porque las cosas no salen como yo quiero que salgan o porque me decepciona la gente una y otra vez. Yo que sé, a lo mejor no es nada de eso y sólo es la regla que tiene mis hormonas revueltas.
Pero el caso es que este tipo de sentimiento y este tipo de días y todo lo relacionado al mal humor no me gusta NADA! Es toda una sensación de estar mal con el mundo, de buscarle más de una explicación a todo (si es retorcida, mejor). No soy así, ¡no me pega ser así! Me gusta más cuando sonrío y hago el tonto y cuando estoy en mi mundo y soy toda una despistada, me gusta; pero está claro que en esta vida tiene que haber lo uno para disfrutar de lo otro, así que ¡vamos a dormir y a apagar todas esas malas emociones!
Buenas noches, hasta mañana!

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