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lunes, 26 de enero de 2015

Ojos marrones.

¿Alguna vez te has cruzado con unos ojos llenos de cosas, locas por salir de su jaula? Yo sí. He conocido unos ojos marrones y grandes, enormes pero llenos de sentimientos y emociones reprimidos ahí encerrados; quizás aún no habían tenido la oportunidad de salir o quizás tampoco quisieran hacerlo, pero al final todo se descubre y cada día que pasaba poco a poco podías ir descifrando todas y cada una de ellas si mirabas fijamente los ojos marrones. 
No es que la persona, dueña de esos ojos, fuera incapaz de hablar o expresarse. A lo mejor ni él mismo sabía lo que encerraban sus ojos.

Una noche descubrí como tooodas esas cosas salían y volvían convertidas en otras nuevas. Lo hacían en forma de sueños, pero por supuesto eran sueños especiales,  ¿cómo si no iban a estar saliendo cada noche y encerrándose cada día?
La magia comenzaba cuando los ojos se cerraban ocultando su color marrón y de repente, dependiendo de lo que cada noche salía te transportaban donde querían haciendo de las noches algo único y auténtico. 
Pero algo ocurrió durante un tiempo en el que no estuve y es que cuando volví una noche, después de mi ausencia, lista para vivir otro momento mágico no ocurrió absolutamente NADA y eso era preocupante porque algo muy malo debería haber pasado para que toda esa magia hubiera desaparecido. Y efectivamente, eso mismo era. Cuando amaneció y abrió los ojos, por más que me fijaba no encontraba nada de lo que días atrás me había fascinado, estaban vacíos, eran unos ojos marrones sin nada especial, ni siquiera tenían el brillo de antes. 

Después de unos cuantos días pensando qué es lo que se podía hacer para que todo volviera a ser como antes, encontré un halito de esperanza y esa misma noche me presenté en el dormitorio de los ojos marrones, le abracé tan fuerte como pude, dándole todo mi cariño y justo después comenzaron las cosquillas, fue entonces cuando soltó la carcajada más grande que jamás había oído y de repente toda la habitación se llenó de risas y alegría y al fijarme de nuevo en los ojos todo había vuelto con tanta fuerza que no hizo falta que los cerrase para que apareciera la magia: ya estaba toda ahí, había vuelto.
Y es que es así como se mantiene la magia de la vida: siendo feliz, riéndote tan alto como puedas y sobretodo teniendo siempre, siempre esperanza; porque como mucha gente dice --> ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE.

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