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lunes, 10 de febrero de 2014

Una historia un tanto surrealista.

Una pareja de ancianas (Mari Loli y Mari Carmen) rondando  ya los 80 años tenían un sobrino llamado Rafael, eran los únicos 3 miembros que quedaban de la familia (sin contar la descendencia de Rafael); ellas, durante toda la vida habían tratado a su sobrino con un cariño y un amor extremo y jamás querían que sufriese por eso hacían lo posible para que todo estuviera bien. 
Rafael 
no era un niño; él ya tenía su mujer, hijas y nietos, vivía en Madrid, a diferencia de sus tías que vivían en Málaga. Un día decidió ir a visitarlas para ver cómo iba todo, a pasar unos días con ellas a cuidarlas y a atenderlas  ya que una tenía alzhéimer y la otra estaba casi medio paralítica por sus muchos impedimentos para moverse. 
Llevaban preparando el viaje durante una semana, hablando con ellas, comprando los billetes y haciendo planes para cuando llegasen. Dos noches antes del viaje su mujer, María Luisa, estuvo hablando con las dos para terminar de atar los cabos sueltos que quedasen del viaje y tenerlo todo absolutamente bien organizado, porque ella ya sabía cómo se ponía su marido si las cosas no estaban bien, a su tiempo y en su lugar correspondiente. Cuando la mujer colgó estaba orgullosa de saber que todo estaría bien y que no habría ningún problema que hiciera enfadar a su marido, pero lo que ella no sabía era que a 800 km más o menos estaba a punto de suceder algo que cambiaría por completo el significado del viaje. 
Cuando la hermana más mayor (la que tenía dificultades de movimiento) colgó el móvil habló con su hermana y le dijo:
- ¡Quilla! Que mañana viene el niño y te va a ver así, ¡que cada día estás peor!
- Bueno hermana, ¿y que quieres que haga?
- Pues disimula un poco. 
- ¿Qué era lo que pasaba mañana? - dijo, dando a entender cómo iba de avanzada su enfermedad. 
- ¡Ay niña! Vamos a tener que tomar una decisión rápida. 
Y la más mayor, pensando que la decisión que acababa de tomar era la más acertada, fue a la cocina y cogió una bolsa de plástico, de esas del súper,  se dirigió donde estaba su hermana, completamente ajena a lo que estaba a punto de hacer la mayor. Acercándose por detrás le puso la bolsa en la cabeza y la asfixió acabando así con lo que ella pensaba que era una cruel vida.
Por supuesto cuando Rafael y María Luisa se enteraron de lo que había sucedido cogieron el teléfono y llamaron a la policía para que fuera a la casa de estas dos mujeres tan particulares. 
Cuando la policía llegó se encontró a la mayor de las dos al lado de la hermana muerta. Mari Loli les contó el problema que tenía su hermana y que debía estar medicándose constantemente y que por alguna razón al tomarse la pastilla que le correspondía a esa hora se había asfixiado al beber mal el agua en la que estaba disuelta y este había sido el causante de esta muerte sorprendente. 
La policía obviamente tuvo que creer todas y cada una de las palabras que la mujer les contó ya que no tenían otros indicios de que aquello fuese falso. 

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